Las semanas se deslizaron con la velocidad implacable del calendario corporativo, creando una densa capa de rutina sobre las recientes y explosivas revelaciones. En la vida de los involucrados, el tiempo no era un sanador, sino un constructor de nuevas fachadas.
En Veracruz, Belém regresó al despacho jurídico con la máscara de profesionalismo más pulcra y gélida que jamás había usado. Ella se mantenía firmemente a cargo del despacho de Veracruz, que operaba como una extensión de la sede central