La camioneta de Yago se detuvo suavemente frente a la modesta, pero acogedora casa de Nant. El sol de la tarde se filtraba a través de las copas de los árboles, proyectando largas sombras sobre la acera. Carlos, como siempre, se apresuró a abrir la puerta para que la madre de Nant, la hermana menor y Nant bajaran. El padre de Nant, que ya había llegado a casa después de terminar su turno de trabajo, salió a recibirlos. Su semblante, un tanto serio y con la voz profunda que lo caracterizaba, ref