La reunión en el restaurante concluyó tal como Yago había previsto, con el incondicional —aunque inicialmente renuente— apoyo de su madre. La astucia de su estrategia había logrado perforar el escepticismo y la ira de Theresia, transformándolos en una calculada aceptación. Una vez finalizado el desayuno, el trío abandonó el elegante establecimiento. Al salir del hotel, la imponente camioneta de lujo de Yago ya los esperaba en la entrada principal, su carrocería negra reluciente bajo el sol matu