El vapor aromático del jacuzzi envolvía el lujoso baño de la suite presidencial, creando una atmósfera íntima y etérea. Yago, sentado en el borde de la bañera, con el rostro marcado por un remordimiento inusual y una vulnerabilidad que rara vez mostraba, había confesado su culpa, su descuido, su arrepentimiento por la posibilidad de un embarazo. Sus palabras, "Perdón, Nant", "si hubiera sabido", "me hubiera puesto preservativo", resonaban en el aire, cargadas de una sinceridad que conmovió a Na