La revelación del regalo de Nant y la posterior broma de Yago sobre la propuesta de matrimonio habían creado un momento de intimidad y sorpresa palpable en la mesa. La atmósfera, que minutos antes había estado cargada de la formalidad de los negocios y las estrategias, ahora vibraba con una ligereza inusual, teñida de romance y un afecto genuino. Los postres habían sido terminados, y el suave tintineo de las cucharas contra la porcelana había cesado, dejando un silencio expectante. Eunice, aunq