Una vez que Nant y Eunice estuvieron cómodamente sentadas, un silencio momentáneo se cernió sobre la mesa. La formalidad del ambiente del restaurante de lujo, la reciente demostración de poder, y la presencia imponente de Yago y Joren, creaban una atmósfera de expectación. Sin embargo, esa solemnidad se rompió de forma inesperada.
Joren y Yago, en lugar de sentarse de inmediato, se miraron el uno al otro. Una chispa de competencia y familiaridad, casi una travesura infantil, brilló en sus ojos.