El ambiente en la mesa, aunque relajado después de la pequeña contienda por la cabecera, aún mantenía una formalidad implícita. Un mesero, impecablemente vestido y con una libreta en mano, se acercó a la mesa de los Castillo, su rostro profesional y atento.
—Buenas noches, señores y señoritas. ¿Están listos para ordenar? —preguntó el mesero, con una voz suave y respetuosa.
Nant, con una naturalidad que sorprendió a Eunice y dejó pensativo a Joren, tomó la iniciativa. Se volvió hacia Yago y Jore