Las palabras de Joren habían sido el ancla que Eunice necesitaba. Su voz suave, la firmeza de su agarre y la promesa inquebrantable de su apoyo disiparon la neblina de su ansiedad. Con un suspiro final, Eunice se tranquilizó, su mente aceptando que, con Joren a su lado, podría enfrentar cualquier cena, cualquier cubierto y cualquier mirada. Confiaría en él.
Mientras tanto, la noche avanzaba, y la precisión se volvía primordial. En el lujoso hotel de Puebla, el escenario para la cena ya estaba p