Nant no titubeó. Después de colgar Yago, tomó su propio celular y marcó el número de su madre. La petición de Yago, aunque envuelta en un tono casual, era en realidad una orden, y Nant lo sabía perfectamente. A lo largo de su relación, había aprendido que los pedidos de Yago rara vez se cuestionaban; se ejecutaban, y se ejecutaban en el acto. La rapidez y la eficiencia eran valores fundamentales en el mundo de Yago, y Nant los había asimilado con una facilidad sorprendente.
Su madre, sin embarg