La risa burlona de Belém se ahogó en el silencio de la casa. Un silencio que no solo era físico, sino también emocional. Se dio cuenta de que estaba sola, sola en un mundo digital en el que, al principio, solo estaban Yago y ella. Las pantallas que la rodeaban eran un reflejo de su derrota. Los monitores que mostraban la tendencia alcista de las acciones de CIRSA no eran solo una burla de su venganza, sino también un recordatorio constante de su soledad. Era el juego de la bolsa, un mundo que él le había enseñado a conquistar, y ahora, en ese mismo mundo, ella estaba completamente sola.
Su mente, en un acto de autopreservación o de masoquismo, regresó a unas semanas antes de su boda con Javier. Un recuerdo vívido, doloroso y lleno de la misma desesperación que sentía ahora. En ese entonces, el dolor de la ruptura y la furia de haber sido reemplazada por el imperio de Yago la habían consumido. No podía aceptar que la vida de Yago siguiera adelante sin ella. En su mente, él todavía la a