Alec salió de la habitación trastabillando, sintiéndose la criatura más estúpida sobre la faz de la tierra. Se había preparado mentalmente para darle espacio, para respetar su dolor, pero el alcohol y la desesperación habían tomado el volante, arruinándolo todo otra vez. Aparecer borracho solo había servido para recordarle a Miranda la versión de él que ella más despreciaba: el hombre ausente, el hombre que no escuchaba.
Caminó por los pasillos oscuros de la enorme mansión como un fantasma en s