Miranda sentía ya no podía más. Estaba hecha un ovillo en la cama, mientras su cuerpo se sacudía por sollozos silenciosos pero desgarradores.
Estaba molesta con todo: con Alec por su cobardía, con Elizabeth por sus manipulaciones, y consigo misma por haber amado en silencio a un hombre que la había ignorado durante años.
Se sentía estúpida por haber guardado esa esperanza, y ahora que la verdad había salido a la luz, en lugar de sentirse liberada, se sentía traicionada.
Intentó levantarse, i