Las palabras de Vera aún en la cabeza de Miranda "intenta disfrutar". Al despertar esa mañana, Miranda sintió que los rayos solares eran diferentes. Abrió las cortinas y se asomó al balcón, encontrándose con una vista hermosa.
El mar se extendía a lo lejos; la costa era paradisíaca. La brisa marina le golpeó el rostro y, por un instante, se sintió agradecida por un día más de vida. Sonrió, permitiendo que la vitamina D del astro dorado la inundara. Quería realmente relajarse y sentirse mejor.
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