De repente, una de esas sonrisas que no aparecían sinceras se deslizó en el rostro de Elizabeth Radcliffe, tensando las comisuras de su boca.
—Así que, has venido finalmente —promunció Elizabeth, su voz parecia amplificada y distorsionada por el intercomunicador—. Dime, ¿cómo te sientes al ver a tu madre en esta situación? Supongo que estás satisfecho por lo que has conseguido, ¿no es así? Has preferido dejar a tu madre en el abandono sin darle una oportunidad y quedarte del lado de tu mujer.
E