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Tras una jornada agotadora en la que luchó por ocultar su diagnóstico a sus socios y lidió con la presión de la empresa, Alec regresó a casa. La mansión, aunque grande, ya no se sentía vacía gracias a la presencia de Miranda. La encontró en la cocina, sentada en el mostrador, comiendo un pequeño snack de queso y galletas saladas. Al verla, todo el terror y la tensión del día se disiparon por un instante. Se acercó a ella por detrás y la abrazó con fuerza, hundiendo el rostro en su cabello.

—Est
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