Alec tardó unos minutos en recuperar el aliento. El whisky ardía en su estómago y el alcohol nublaba ligeramente su juicio, pero el estallido emocional lo había vaciado. Lentamente, se puso en pie, sintiendo el peso de la ecografía descartada y el sonajero en sus manos.
Recogió el pequeño sonajero plateado. Era ligero, pero el peso del recuerdo era abrumador. Con una resolución sombría, abandonó su despacho, dirigiéndose a la habitación principal.
La habitación de Miranda estaba inmaculada, ord