Zamir puso el auto en marcha y condujo hasta el edificio de Vera.
—Gracias por esta noche —pronunció ella al bajar, sintiendo todavía el cosquilleo en los labios.
Vera subió a su departamento sintiendo que flotaba. Acababa de pasar una noche completamente diferente a cualquier otra. Tenía mariposas en el estómago y todavía podía sentir la textura de ese beso como si estuviera ocurriendo en ese mismo segundo.
Cuando se presentó en medio de la sala, se encontró con que Miranda todavía no se h