El fin de semana se acercaba con la promesa de una tregua definitiva, y en un abrir y cerrar de ojos, el día llegó.
Era sábado. El sol se ponía sobre la ciudad, tiñendo el cielo de colores vivos que parecían augurar un nuevo comienzo. Los preparativos estaban listos para celebrar el aniversario de bodas, para conmemorar esos cinco años juntos que, sobre el papel, parecían una vida entera, pero que en la realidad apenas estaban empezando a contar de verdad.
La verdad es que Miranda se sentía inu