Miranda sacudió la cabeza, obligándose a desalojar los pensamientos tontos que la asaltaban. No podía seguir rumiando en esa idea absurda de que su vida se había convertido en una historia de amor falsa, sin un final feliz. No quería sentirse agobiada por el torbellino emocional. En cambio, decidió concentrarse en el placer simple de un café cálido en la compañía de su amiga Vera, quien la había invitado a una cafetería tranquila y luminosa esa mañana.
—Miranda —dijo Vera, sonriéndole mientras