Jaden recorrió con la mirada a Landon Krane y a su esposa, ambos destrozados en el suelo como marionetas rotas. Estaban cubiertos de sangre, apenas conscientes, pero seguían respirando... por desgracia. Se giró hacia Morix Sable y su voz bajó de tono, cargada de una amenaza latente.
—¿Estos dos son tuyos?
Morix palideció de vergüenza.
—Sí, Señor. Es mi subordinado, Landon Krane.
La expresión de Jaden se volvió implacable.
—Entonces dime, Morix. ¿Quién demonios le dio autorización para movilizar