Mientras tanto, de vuelta en la arena.
El público se inclinó hacia delante en silencio mientras Lucian cargaba. Sus ataques eran implacables, un borrón de velocidad y potencia que pocos podían siquiera seguir con la mirada, mucho menos igualar. Jaden bloqueaba y desviaba, pero estaba claro: Lucian ya no estaba jugando.
Iba a matar. ¿Y Jaden? Jaden seguía de pie.
Los pies de Lucian se movían con la gracia de un bailarín, pero sus puños golpeaban como martillos. Lanzó una patada giratoria, un rodi