Las luces de la arena se encendieron. El suelo seguía manchado con la sangre del asalto anterior, pero el equipo de mantenimiento ni siquiera se molestó en limpiarlo. A nadie le importaba.
Todos tenían la mirada clavada en el escenario, esperando a que se anunciara el siguiente nombre.
La voz del presentador resonó, nítida y potente, a través de los altavoces:
—¡A continuación, representando al Sindicato Blackgate... el Maestro Soryu, del Monasterio de las Diez Mil Palmas!
La multitud se agitó.