En el Hotel White, Gran Salón de Banquetes
Los candelabros de cristal destellaban como diamantes sobre el piso. Los meseros, impecables en sus uniformes blancos y negros, se abrían paso entre la multitud de magnates y miembros de la élite; sus bandejas de plata estaban repletas de los vinos más exquisitos y manjares que solo una fortuna podía comprar.
La atmósfera vibraba con el murmullo de las conversaciones, las risas y el suave tintineo de las copas al chocar. Aquella noche no era un banquete