En la Mansión de los Thornfell.
El gran salón de la finca apestaba a riqueza, a control… y a sangre. El piso brillaba bajo la luz de los candelabros de cristal, pero el aire se sentía extraño, cargado con el aroma de la violencia.
Agatha Thornfell permanecía junto a los enormes ventanales, y el golpeteo rítmico de sus tacones afilados contra el suelo delataba su impaciencia. Su sola presencia resultaba sofocante; vestida con un traje negro como la medianoche, sonrió con veneno.
Un sirviente entr