Jaden descendió del techo del auto con la agilidad de un espectro que baja de las nubes. El impacto seco de sus botas contra el pavimento resonó en los oídos de Damian Blake, opacando el martilleo frenético de su propio corazón aterrado.
Antes de que Damian pudiera reaccionar, Jaden lo aferró por el cuello de la camisa, levantándolo del suelo sin esfuerzo, cual muñeco de trapo. Sus caras quedaron a escasos centímetros.
—Nadie va a venir a salvarte —susurró Jaden con una calma letal, apretando el