A la mañana siguiente, en casa de la tía Martha. La vieja mesa del comedor crujió levemente cuando los cuatro tomaron asiento: Jaden, la tía Martha, Julie y el pequeño Kelvin.
El tenue aroma a pan tostado y huevos llenaba la modesta vivienda, mezclándose con la silenciosa calidez de la familia.
Aquel no era un día cualquiera; era el cumpleaños de Kelvin. La cara pálida del niño se iluminó de emoción; con los ojos muy abiertos, aferró la pequeña caja de regalo que Julie deslizó sobre la mesa.
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