Brianna sentía su corazón estrellándose contra las costillas como si quisiera escapar. Con cada latido, una nueva oleada de nervios subía como una marea imposible de contener. Todo su cuerpo parecía sobrecargado, a punto de estallar.
No podía quedarse quieta. Cambiaba el peso de un pie al otro, jugueteaba con los dedos, mordía su labio inferior hasta dejarlo enrojecido. Sus pensamientos iban y venían en una danza frenética, incapaz de ordenarlos por más de unos segundos. Todo en ella vibraba, e