El viaje improvisado fue un alivio a medias para Brianna. El traqueteo de la carreta y el aire frío despejaron un poco su mente, pero en el fondo seguía sintiendo ese nudo que no cedía. Solo cuando estuvieron lo bastante lejos para que el olor de Aidan no la alcanzara, su loba se aquietó, aunque el desasosiego no la dejaba en paz.
Era normal: después de encontrar al compañero, ni humano ni lobo toleraban la distancia. Pero la tristeza que la envolvía no tenía la fuerza devastadora que Maura le