—¡Aidy! ¿Me guardaste café? —exclamó Tara alegremente, en un intento de disipar el mal humor.
—Claro, ¿quieres que te sirva?
El cambio en la actitud de Aidan fue inmediato. Su cuerpo se relajó, su voz se volvió melosa, y eso no pasó desapercibido para sus padres. Especialmente para Adara, que notó el contraste entre la forma en que le hablaba a ella y a su cuñada. Salió de su escondite en el pecho de su compañero y los observó: Tara asintió con una sonrisa, y Aidan se la devolvió con suavidad.
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