Perla
Casi me ahogo con mi propia saliva. Vuelvo a tragar y tomo un sorbo de capuchino para pasar la locura, que Leonor acaba de insinuar.
Niego con rapidez.
—No, no. Estás equivocada —le sonrío—. Es que es de ni siquiera pensarlo.
—¿Quién conoce más a Fabiano Greco entre tú y yo? —levanta una ceja, agarra helado y come lentamente, sin despegar sus ojos azules de mi persona.
Con cuidado, dejo la tasa del capuchino sobre la mesa y la vuelvo a mirar.
—Tú, por supuesto —le confirmo, por