Perla
No dudo en acceder al beso suave de Fabiano. Para besarlo mejor lo sujeto de las mejillas y él agarrando mis caderas me pega a su cuerpo, besandome con más intensidad. Lentamente, el beso va culminado y al despegar nuestros labios nos miramos fijamente.
—No quiero que seas mi secretaria —dice Fabiano, rompiendo el silencio que nos envuelve—. No hay necesidad. Hablaré con las chicas del servicio para que se encarguen de todas tus cosas. Quiero que compartas mi habitación, porque tú vas a