Perla
Llego junto a Fabiano al elegante restaurante donde me ha invitado a comer. La noche está fresca, y la emoción burbujea en mi estómago. Angelo estaciona la camioneta y, al bajarse, me ofrece su mano. La tomo con suavidad, sintiendo su calidez mientras me ayuda a descender del vehículo. Caminamos juntos hacia la entrada del lujoso lugar, y al abrirse la puerta, un hombre de traje nos recibe con una sonrisa profesional.
—Bienvenidos —dice, guiándonos hacia el ascensor. Fabiano y yo intercam