El campo de entrenamiento no se parecía en nada a lo que Abital esperaba.
No era solo un claro o un campo abierto como en Silverwood.
Este lugar estaba tallado en el mismo corazón del reino: una arena enorme de piedra negra, rodeada de muros imponentes grabados con marcas antiguas. El suelo bajo sus pies se sentía desgastado, como si innumerables batallas se hubieran librado allí.
Y perdido.
El aire olía a sudor, acero y algo más oscuro.
Poder.
Abital estaba al borde, con los brazos firmemente