La noche se sentía más tranquila de lo habitual.
No apacible.
Simplemente… pesada.
Como si el mundo mismo contuviera la respiración después de todo lo que había sucedido.
Estaba en el balcón de las cámaras de Uriel, el viento frío rozando mi piel, mis pensamientos aún enredados por las palabras de la bruja.
Antes de todo eso.
Nada podrá detenerte.
Me envolví en mis brazos, mirando fijamente la oscura extensión del reino abajo.
—Huir de tus pensamientos no hará que se callen.
No me giré.
—No est