Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa noche se sentía más tranquila de lo habitual.
No apacible. Simplemente… pesada. Como si el mundo mismo contuviera la respiración después de todo lo que había sucedido.Estaba en el balcón de las cámaras de Uriel, el viento frío rozando mi piel, mis pensamientos aún enredados por las palabras de la bruja.
Antes de todo eso. Nada podrá detenerte.Me envolví en mis brazos, mirando fijamente la oscura extensión del reino abajo.
—Huir de tus pensamientos no hará que se callen.No me giré.
—No estoy huyendo. Una pausa. —Entonces estás perdiendo.Suspiré suavemente.
—Quizá lo estoy.Sonaron pasos detrás de mí: lentos, firmes, deliberados.
Luego él estaba allí. Lo sentí antes de verlo. Esa atracción familiar. Más fuerte ahora. Constante.Uriel se colocó a mi lado, apoyando los antebrazos en la barandilla de piedra, su mirada fija en el horizonte.
Durante un rato, ninguno de los dos habló. Y por una vez, el silencio no se sintió tenso. Se sintió… compartido.—No entiendo nada de esto —admití al fin.
Mi voz salió más suave de lo que pretendía. —Lo sé. —Eso no ayuda.Una leve exhalación escapó de él —casi como una pequeña risa sofocada de diversión.
—No —coincidió—. No ayuda.Lo miré de reojo.
—Lo estás tomando demasiado bien. Su ceja se elevó ligeramente. —¿Debería estar aterrorizado? —La mayoría de la gente lo estaría. —No soy la mayoría de la gente.Eso era evidente.
Volví a apartar la mirada, mis ojos cayendo sobre las luces lejanas del reino.
—Dijiste que has estado buscando a tu compañera —dije lentamente—. Durante años.Un cambio.
Sutil. Pero lo sentí. Algo más profundo se agitó bajo su calma. —Sí. —¿Cuánto tiempo?El silencio se extendió por un momento.
Luego: —Una década.Me giré hacia él por completo esta vez.
—¿Qué?Su mirada permaneció al frente, distante.
—Tenía dieciocho años cuando empecé a sentirlo —dijo—. Esa atracción. Esa conciencia de que alguien existía… en algún lugar… que me pertenecía.Mi corazón dio un salto.
—Pensé que sería inmediato —continuó—. Que la encontraría en cuestión de meses. Un año como mucho.
Una sonrisa leve y sin humor tocó sus labios. —Me equivoqué.Diez años.
Diez años de buscar. De esperar.—¿Qué hiciste? —pregunté en voz baja.
—Lo que siempre hago —dijo—. Cazar.Eso no me sorprendió.
—Pero no como a una presa —añadió—. Como a un fantasma.Su mirada se oscureció ligeramente.
—Busqué en cada territorio. Cada reino. Cada lugar escondido donde alguien como ella pudiera estar oculta.Mi pecho se apretó.
—¿Y no encontraste nada? —Nada.La palabra salió plana. Fría.
—Ni un aroma. Ni un rastro. Ni siquiera un rumor que tuviera sentido.Un destello de algo pasó a través de él.
Frustración. Antigua. Enterrada.—Pero seguiste buscando.
—Durante años —dijo. Otra pausa. Más larga esta vez. —Escuché historias —añadió—. Susurros sobre lobas inusuales. Habilidades extrañas. Chicas que no encajaban.Mi respiración se cortó ligeramente.
—Seguí cada pista. —¿Y? —Todas terminaban de la misma manera.Su mandíbula se tensó.
—Puntos muertos.Un silencio se instaló de nuevo entre nosotros.
Pero este se sintió más pesado. Porque podía sentirlo ahora. Esa emoción. No solo frustración. Algo más profundo. Algo más cortante.—¿Alguna vez…? —Dudé—. ¿Pensaste que no existía?
Sus ojos parpadearon brevemente hacia mí.
Luego se apartaron. —Sí.La honestidad en esa única palabra golpeó más fuerte que cualquier otra cosa.
—¿Cuándo? —pregunté suavemente. —Después de cinco años.Mi pecho se apretó.
—¿Tanto tiempo? —No me rindo fácilmente.No.
No lo hacía.—Pensé que tal vez estaba equivocado —continuó—. Que lo que sentía no era real. O que ella ya estaba muerta.
Mi respiración se cortó.
Muerta.—Consideré… —Se detuvo.
Luego exhaló lentamente. —Consideré tomar una compañera elegida.Mi corazón se hundió.
—¿Lo habrías hecho? —Casi lo hice.Las palabras golpearon como un golpe silencioso.
No sabía por qué. Pero lo hicieron.—Había alianzas que mantener. Expectativas que cumplir —dijo—. Un rey sin compañera es… incompleto ante los ojos de muchos.
—¿Y a ti te importa eso? —Me importa el poder —corrigió—. Y la percepción afecta al poder.Justo.
Frío. Lógico. Muy él.—Entonces, ¿qué te detuvo?
Esta vez,
me miró. Por completo. Sus ojos dorados fijándose en los míos con una intensidad que me cortó la respiración.—Tú.
Mi corazón falló un latido.
—Pero ni siquiera me conocías. —Sabía que algo no estaba bien —dijo en voz baja—. Cada vez que me acercaba a tomar esa decisión… algo dentro de mí se resistía.Su mirada se oscureció ligeramente.
—Como si estuviera a punto de cometer un error que no podría deshacer.Un escalofrío me recorrió la espalda.
—Lo ignoré durante años —añadió—. Me dije que era instinto. Orgullo. Cualquier cosa menos esperanza.Esperanza.
La palabra se sintió frágil viniendo de él.—No me pareces alguien que cree en la esperanza.
—No lo soy. Una pausa. —Pero creo en la certeza.Su mirada no vaciló.
—Y cuando te encontré… no hubo duda.Mi pecho se apretó.
—Por eso estabas tan seguro —susurré. —Sí.Sin dudar.
Sin cuestionar. Solo certeza.—Estabas llorando en el bosque —continuó—. Rota. Sangrando por un vínculo que acababan de romper.
Me estremecí ligeramente al recordarlo.
—Y aun así… —Su voz bajó—. Lo sentí.Esa atracción.
Esa conexión.—Eso no tiene sentido —dije.
—No tiene que tenerlo.El silencio se instaló de nuevo.
Pero esta vez… se sintió diferente.Él no era solo un rey poderoso e inalcanzable en ese momento.
Era alguien que había esperado. Buscado. Casi rendido.Y de alguna manera…
aun así me encontró.—¿Te arrepientes? —pregunté en voz baja.
La pregunta se escapó antes de que pudiera detenerla.Su expresión no cambió.
—¿Arrepentirme de qué? —De haberme encontrado.Una pausa.
Luego: —No.La palabra llegó al instante.
Firme. Segura.—Deberías —murmuré—. Soy complicada. Aparentemente peligrosa. Posiblemente algo que podría "romper el mundo".
Una leve sonrisa burlona tocó sus labios.
—Eso suena útil.Me quedé mirándolo.
—No te estás tomando esto en serio. —Sí que lo hago. —Acabas de decir… —Dije que suena útil —repitió—. No que sea sencillo.Una pausa.
Luego su expresión se suavizó. Solo un poco.—¿Crees que busqué durante diez años con la esperanza de encontrar algo ordinario?
Mi respiración se cortó.
—No quiero lo ordinario, Abital.La forma en que dijo mi nombre…
me hizo algo. Algo firme. Algo peligroso.—Quiero algo que valga la espera.
Mi pecho se apretó.
Y de repente, no supe qué decir. Porque nadie me había mirado así antes. Como si fuera algo valioso. Algo elegido. Algo… que valía diez años.—Casi me rindo —admitió en voz baja.
Las palabras me sorprendieron. Porque sonaban… reales. Crudas.—Estuve cerca de aceptar que nunca la encontraría.
Su mirada sostuvo la mía. —Pero no lo hice.Una pausa.
Luego: —Ahora sé por qué.Mi respiración se cortó otra vez.
El aire entre nosotros cambió. Denso. Pesado. Lleno de algo no dicho.—Me encontraste en mi peor momento —dije suavemente.
Sus ojos se oscurecieron ligeramente. —No. Un paso más cerca. —No en tu peor momento. Otro paso. —En tu comienzo.Mi corazón golpeó contra mis costillas.
Porque algo en la forma en que dijo eso… lo hacía sentir verdadero.Como si todo lo que había pasado
el rechazo. El dolor. La humillaciónno fuera el final de mi historia.
Era solo el comienzo.Y de alguna manera
eso me asustaba menos de lo que debería. Porque por primera vez no lo estaba enfrentando sola.






