La noche estaba demasiado silenciosa.
Abital yacía inmóvil en la enorme cama, mirando fijamente el oscuro techo de las cámaras de Uriel. El sueño había llegado lentamente, a regañadientes… y cuando finalmente lo hizo, no trajo paz.
Lo trajo a él.
La luna llena brillaba intensa sobre el claro.
Las risas resonaban.
Cortantes. Crueles. Infinitas.
Abital estaba de nuevo en el centro, su vestido blanco manchado de tierra y humillación, sus manos temblando mientras cada par de ojos se clavaban en ell