La oscuridad llegó primero.No la clase pacífica que trae descanso, sino la pesada, la sofocante que presionaba contra el pecho de Abital como un peso que no podía levantar. Sonidos resonaban a lo lejos: aullidos, gritos, el choque de algo violento, pero se sentían lejanos, como un sueño que se desvanece y que no podía alcanzar del todo.Luego llegó el calor.La envolvió lentamente, ahuyentando el frío que se había asentado en lo profundo de sus huesos. Algo suave debajo de ella. Algo seguro.¿Seguro?Sus ojos se abrieron de golpe.Abital se enderezó bruscamente con un jadeo agudo, respirando rápido y entrecortado mientras el pánico inundaba su sistema. Su corazón golpeaba violentamente contra sus costillas mientras miraba a su alrededor con desenfreno, tratando de entender dónde estaba.Aquello no era el bosque.La habitación era enorme. Demasiado enorme para pertenecer a cualquier manada de lobos que conociera. Las paredes eran de piedra oscura, lisa y pulida, con símbolos antiguos
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