Mundo ficciónIniciar sesiónLa palabra necesaria no me abandonaba.
Resonó mucho después de que la Anciana Maren se fuera, mucho después de que la habitación se vaciara, mucho después de que las antorchas ardieran bajas.
Necesaria. No rota. No maldita. No débil.Algo que el mundo necesitaba.
Debería haberme reconfortado.
No lo hizo. Porque si era necesaria… entonces alguien, en algún lugar, había hecho todo lo posible para asegurarse de que nunca me convirtiera en lo que estaba destinada a ser.Y ese pensamiento…
se asentó pesado en mi pecho.—Deja de caminar de un lado a otro.
Ignoré a Uriel y seguí moviéndome.
De un lado a otro. De un lado a otro. El suelo de piedra bajo mis pies probablemente ya había memorizado el patrón.—No puedo —murmuré—. Hay algo que se nos escapa.
—Siempre hay algo que se nos escapa. —Eso no ayuda. —Es verdad.Me detuve, girándome para enfrentarlo.
—No. Esto es diferente.Su mirada se agudizó ligeramente.
—¿En qué?Dudé.
Porque yo misma no lo entendía del todo.—Todo apunta a mis padres —dije lentamente—. La bruja. Maren. Hasta la forma en que mi poder fue sellado.
Una pausa. —Ellos sabían algo.Uriel no discutió.
Eso solo me dijo que no estaba equivocada.—No solo eran lobos —continué—. Maren lo dijo.
—Sí. —Y los mataron por mi culpa.Otro silencio.
Tampoco negó eso.Mi pecho se apretó.
—Entonces, ¿por qué nadie habla de eso? —exigí—. ¿Por qué siento que la verdad está… enterrada?—Porque lo está.
La voz no pertenecía a Uriel.
Me quedé helada. Lentamente, me giré.La Anciana Maren estaba cerca del umbral otra vez.
Como si hubiera estado allí todo el tiempo. Mirando. Esperando.—No dejas de aparecer como un fantasma —dije.
—Y tú no dejas de hacer las preguntas correctas —respondió con calma.La expresión de Uriel se oscureció ligeramente.
—Ya has dicho suficiente por esta noche. —Todavía no —dijo Maren.Su mirada se desvió hacia mí.
—Hay una verdad que aún necesitas escuchar.Algo en mi pecho se apretó.
Una advertencia.—¿Sobre mis padres? —pregunté.
—Sí.La palabra llegó demasiado fácil.
Demasiado rápido. Y de repente… ya no estaba segura de querer escucharla.—Los asesinaron —dijo Maren.
El aire se fue de mis pulmones.
—Lo sé. —No —dijo suavemente—. Sabes que murieron. Una pausa. —No sabes cómo.Mis manos se cerraron en puños.
—Entonces dímelo.Maren me estudió un momento.
Como si estuviera decidiendo cuánto podía soportar. Luego: —Los ejecutaron.La palabra golpeó más fuerte que cualquier otra.
Ejecutados. No atacados. No emboscados. No asesinados por rebeldes. Planeado. Deliberado.Mi corazón comenzó a acelerarse.
—No —susurré—. Eso no es… —Lo es.Negué con la cabeza.
—No. Me dijeron… —Te mintieron.Las mismas palabras.
Otra vez. Pero esta vez… cortaron más hondo.—¿Quién? —pregunté.
Mi voz ya no sonaba como la mía. Demasiado baja. Demasiado cortante. —¿Quién lo hizo?Maren no respondió de inmediato.
Y ese silencio… lo decía todo.El estómago se me hundió.
—Lo sabes —dije. —Sí. —Entonces dilo.Mi pecho se sentía apretado.
Como si no pudiera respirar. —Dilo.Su mirada no vaciló.
—Tus padres fueron asesinados por orden del liderazgo de Silverwood.El mundo se inclinó.
—No. Salió al instante. Cruda. Equivocada. —Eso no es posible. —Temían lo que llegarías a ser. —Ellos no… —Lo hicieron.Mi cabeza negó automáticamente.
—No. No, no harían eso. No mi manada. No… —¿No tu Alfa?Las palabras cayeron como una hoja de cuchillo.
Me quedé helada. Porque, de repente, un recuerdo emergió.Damon.
De pie junto a su padre. Silencioso. Mirando. Siempre mirando.—¿Quién dio la orden? —susurré.
La voz de Maren bajó ligeramente.
Más pesada. —El Alfa Rowan Blackthorn.Todo se detuvo.
Mi corazón. Mi respiración. Mis pensamientos.—¿El… padre de Damon? —dije lentamente.
—Sí.El nombre resonó en mi cabeza.
Rowan Blackthorn. El antiguo Alfa. El hombre a quien todos respetaban. Temían. Obedecían. El hombre que crió a Damon.—No —dije otra vez, pero esta vez sonó más débil.
Más insegura.—Él supo lo que eras —continuó Maren—. O al menos… lo que podrías llegar a ser.
Un escalofrío me recorrió la espalda.
—Y decidió detenerlo antes de que comenzara.Mi pecho se apretó dolorosamente.
—¿Los mataron por mi culpa? —Sí.La palabra destrozó algo dentro de mí.
—Tenían que eliminar el linaje —dijo—. Pero no pudieron matarte a ti.
—¿Por qué no? —exigí. —Si lo hubieran hecho —dijo en voz baja—, habría atraído la atención de fuerzas que no estaban preparados para enfrentar.Mis manos temblaron.
—Así que solo… —Mi voz se quebró ligeramente— ¿me dejaron? —Para que crecieras débil —dijo Maren—. Inadvertida. Inofensiva.Una risa amarga escapó de mí.
—Inofensiva —repetí.Eso era lo que había sido.
Nada. Invisible. Rota. Todo por diseño.—Sellaron tu poder —añadió—. Se aseguraron de que nunca despertaras.
—Pero no funcionó —susurré. —No. Una pausa. —Nunca funciona.El silencio cayó.
Pesado. Aplastante.Me quedé mirando el suelo, mi mente dando vueltas, tratando de unir todas las piezas.
Todos los años. Todo el dolor. Todo el rechazo.No fue casualidad.
No fue destino. Fue planeado.—Me estás diciendo… —dije lentamente—. Que todo lo que pasé… cada vez que me llamaron débil… cada vez que me trataron como si no fuera nada…
Mi pecho se apretó.
—Ellos me hicieron así.Maren no respondió.
No tenía que hacerlo. Ya sabía la respuesta.—Sí.
La palabra vino de Uriel esta vez. Baja. Controlada. Peligrosa. —Ellos lo hicieron.Algo dentro de mí cambió.
No rompiéndose. No esta vez. Algo más. Algo más oscuro. Más frío.—Mataron a mis padres —dije.
Nadie habló.
—Me quitaron todo antes de que siquiera entendiera lo que tenía.
Mi voz ya no temblaba. —Me hicieron creer que no era nada.El aire a mi alrededor se sentía diferente.
Más pesado. Cargado.Y entonces
algo encajó en su lugar. No como antes. No salvaje. No incontrolado.Esta vez
fue silencioso. Focalizado. Aterrador.—Mintieron —dije.
Mis ojos se levantaron lentamente. —Todos mintieron.Uriel se acercó, su presencia firme pero alerta ahora.
Porque lo sintió. El cambio.—Abital —dijo con cuidado.
Pero apenas lo oí.
—Damon lo sabía —susurré.
No era una pregunta.Maren no lo confirmó.
Pero tampoco lo negó. Y eso… fue suficiente.—Se quedó allí —continué—. Todos esos años. Mirándome. Sabiendo lo que su padre había hecho.
Mi pecho ardía.
No de dolor. De algo más. Furia. Pura. Fría.—Me rechazó —dije.
Mis labios se curvaron ligeramente. Pero no había humor en ello. —Me llamó débil.La habitación se sintió más pequeña otra vez.
El aire más denso.—La eligió a ella.
Mis puños se cerraron. —Y todo este tiempo… Una pausa. —…su familia fue la razón por la que lo perdí todo.Silencio.
Profundo. Pesado. Implacable.La voz de Uriel lo atravesó.
—¿Qué quieres hacer?La pregunta flotó en el aire.
Simple. Pero no realmente. Porque la respuesta… no era simple en absoluto.Pensé en la chica que solía ser.
La que lloraba. La que suplicaba. La que creía.Luego pensé en quién era ahora.
En lo que me estaba convirtiendo. En lo que intentaron destruir.Mi mirada se elevó.
Firme. Fría. —Quiero que la verdad se exponga.Uriel no reaccionó.
Por supuesto que no.—¿Y después de eso? —preguntó.
Una pausa.
Más larga esta vez. Porque esta parte… esa era la línea. La que tenía que elegir.Venganza.
O algo más.Pero la ira en mi pecho
ardía demasiado profunda. Demasiado real.—Se llevaron a mi familia —dije en voz baja.
Mi voz bajó. Más cortante. —Me robaron la vida. Una respiración. Luego: —Quiero que paguen por ello.Las palabras se asentaron como una promesa.
No fuerte. No dramática. Sino final.Maren me observó con cuidado.
No con miedo. Con comprensión. —Ten cuidado, niña —dijo suavemente. —¿Por qué? —pregunté.Su mirada se profundizó.
—Porque la venganza es el camino más fácil para alguien como tú.Un filo leve y peligroso tocó mi voz.
—¿Y qué tiene de malo?No dudó.
—Puede consumirte.Tal vez.
Pero en ese momento… no se sentía como algo malo.La mano de Uriel rozó la mía ligeramente.
Anclándome. Firme. Un recordatorio.—No tienes que decidir todo esta noche —dijo.
Lo miré.
Realmente lo miré. Y por un momento… la tormenta dentro de mí se calmó. Solo un poco.Pero no lo suficiente para apagarla.
Porque esto no era algo que pudiera ignorar. Ya no.—Pagarán —dije.
No una pregunta. No una duda. Una certeza.Porque una cosa estaba clara ahora:
No era la chica sin poder que intentaron borrar. Era la consecuencia que no lograron matar.Y esta vez…
no estaba huyendo.






