La niebla flotaba perezosa sobre el claro del río, un velo plateado que hacía que el lugar pareciera sacado de un sueño. Laila caminó con cautela, su corazón latiendo con un ritmo irregular.
El mensaje de Kaelen aún ardía en su mente:
“Ven al claro del río al amanecer. Te daré respuestas.”
Sabía que no era prudente estar allí, pero algo dentro de ella la empujaba. Quizás era la curiosidad, quizás la necesidad de entender por qué siempre había sentido que algo faltaba en su vida.
Dentro de ella,