El cuerpo de Kael yacía inerte sobre la tierra ensangrentada, su reinado de terror había terminado.
Pero la batalla no había terminado del todo.
Porque en los brazos de Laila, Amir agonizaba, el veneno de la daga llevándolo al borde de la muerte.
Y el miedo más profundo comenzó a crecer en su pecho.
No podía perderlo.
No ahora.
No después de todo.
Laila sostuvo a Amir con fuerza, su respiración entrecortada mientras observaba su rostro pálido y la sangre empapando su camisa.
Su hermano de crian