El eco de los pasos de Kaelen aún resonaba en el salón cuando las puertas se cerraron tras él. La tensión era tan densa que nadie se atrevió a moverse de inmediato. Raiden, con el ceño fruncido y los brazos cruzados, miró a su manada con una expresión que no dejaba dudas: nadie confiaría en el alfa del Bosque Sombrío hasta que supieran sus verdaderas intenciones.
Pero no todos podían dejar de pensar en él.
Laila aún sentía la intensidad de su mirada y la extraña familiaridad de su presencia. Am