El primer estruendo resonó en la frontera de Cuarto Creciente.
Un rugido, un choque de cuerpos, el grito de batalla que sellaba el destino de todos.
Kael había llegado.
Desde lo alto de la colina, Laila observó el avance de los enemigos.
Eran más de lo que habían anticipado.
Cientos de lobos, con colmillos afilados y garras listas para desgarrar.
La manada traidora de Kael había traído refuerzos.
Darius maldijo.
Darius:
”¡Son demasiados!”
Thane apretó los dientes.
Thane:
“No podemos retroceder