Serena revisaba sus correos electrónicos; un mensaje detallado con la reunión de aliados y un nombre específico relució en su bandeja de entrada: Silvano Rocco, el alma de la cacería de las zorras que operaba entre las sombras, por fin dio la cara. En el cuerpo del mensaje apenas se leía:
—Que reaparezca tu imagen fue una excelente estrategia; ahora sabemos quién es.
Serena sonrió nerviosa y respondió:
—Si él quiere darme batalla, lo esperaré en el campo.
Justamente en ese momento entraba