Leandro tomó las riendas de la empresa como sugirió Serena; se vistió de traje, salió de la mansión de Eduardo dejando de cojear y, convertido en el albacea de los derechos sucesorios de Estephanie Falcón, ingresó a las instalaciones donde los empleados aguardaban con expectativa el destino de la empresa. Habló con sus directivos; encontró en primera línea a la asistente de Eduardo.
Sus blancos dientes esbozaron una sonrisa y, ante sus compañeros presentes, le dijo en tono claro y demandante