Belén, con sus achaques del nuevo embarazo, estaba recostada tomando una siesta. Fabián la besó con ternura en la mejilla para avisarle que sus hijas ya estaban dormidas.
Ella se frotó los ojos con pereza y relamió sus labios, acariciando su vientre.
—¿Y si son dos más? ¿Cómo los vamos a llamar?
—¿Dos más? —repitió Fabián.
—Solamente es una posibilidad, no estoy insinuando que sea así en verdad. Le dije al doctor que no me lo diga ni lo especifique hasta que estés conmigo en el ultrasonido