Inés, con el corazón retumbando, se dirigió a la residencia de Ismael. Serena salió a su encuentro y fueron conversando mientras caminaban.
—Serena, yo nunca te he pedido nada, pero estoy desesperada —dijo Inés con la misma expresión que tenía cuando ellos salieron de la ciudad.
Serena suspiró porque conocía aquel tono y preguntó qué pasaba. Ella le contó que Héctor estaba por divorciarse porque se hizo adicto al juego y, producto de aquello, estaba atorado en deudas; su nuera trabajaba para no