Belén entró y se tiró al sofá, soltando el aire contenido con una amplia sonrisa. Iba a retomar la escritura, pero sonó su celular: era Eduardo.
—Hola, enana. Ya me contó mamá que te fuiste a la boda de la pegajosa Silvia. ¿Vas a volver a Sevilla o al bosque?
Belén suspiró y le dijo que se iba a quedar en la ciudad que la vio crecer. Él preguntó si ya les contó a sus padres que estaba sin empleo y ella respondió:
—Ya les dije porque tengo uno nuevo, por eso me voy a quedar con la tía Inés.