Capítulo noventa y cinco. El despertar del Vacío.
El altar se quebró con un estruendo que reverberó en todo el santuario subterráneo. Grietas se extendieron como venas oscuras sobre la piedra negra, y un viento helado brotó del abismo recién abierto. Rowan interponía su cuerpo entre Kael y la criatura que emergía, mientras Morgana trazaba símbolos con su bastón en el aire, intentando contener la energía que se desbordaba.
—¡Retrocede! —ordenó la bruja, su voz tensa—. ¡No dejes que la energía lo