Capítulo noventa y tres. Ecos del abismo.
Narra Rowan
Atravesar el portal fue como caer en una tormenta sin viento ni dirección. Todo giraba. Todo dolía. Y sin embargo, al otro lado, el silencio era más cruel.
—¿Todos bien? —mi voz sonó hueca en esta dimensión entre mundos.
Morgana asintió, aunque sus ojos brillaban con alarma. Ewan sacudió la cabeza como si intentara despejarse de una pesadilla. Solene se aferraba a su cuchillo de plata, aunque sus labios temblaban.
El altar aquí… estaba vivo.