Capítulo Ochenta y Cinco. El juramento del Alba
El gran salón estaba casi irreconocible.
Piedras rotas, antorchas temblorosas, un tapiz desgarrado… Y, aun así, nunca había parecido tan vivo.
Porque por primera vez en años, la manada entera estaba reunida no por miedo, ni por guerra… sino para elegir libremente a quién seguir.
Y habían elegido.
Rowan estaba de pie en lo alto de los escalones, el nuevo trono de piedra detrás.
No llevaba corona.
Solo su cicatriz en la ceja, su mirada de fuego con