Capítulo Cincuenta y Uno. Las Ruinas y la Trenza
El bosque despertaba con un susurro de ramas y una bruma pálida que flotaba entre los troncos. Kael y Rowan avanzaban en silencio, sus pisadas amortiguadas por la hojarasca húmeda. No se miraban, pero sus sombras caminaban juntas, como si compartieran un mismo destino, aunque aún no supieran cuál.
La tensión entre ellos se sentía densa, eléctrica. Habían cabalgado toda la noche sin detenerse, guiados solo por el instinto y por la promesa hecha en